Los escapados de la jornada (de izquierda a derecha):
Gabriel alias "Pistolón"
Fran alias "El Mini"
Javo alias "Milhouse"
Agustín alias "gamusino"
Nos decidimos abandonar el botellón a eso de las 4.00 horas rumbo a la carpa villalbina. Estaba petada y podríamos decir que asquerosa. La única manera de echarle bemoles para entrar en este recinto abarrotado era llevar un porcentaje etílico en sangre bastante elevado. Gabi parece inmune al alcohol, pero llevaba una buena pea el bicho. El pistolón dio al melón (por cierto, mucho más grande que el de Piscinero, Mena, Javi y yo, vamos, como casi todo) de lo lindo y en la carpa seguimos con las copitas. 
A la izquierda, mi compañero de fugas y de vueltas sin sentido por la abarrotada carpa. Esos paseos a lo largo y ancho de la carpa nos recordaron que las copas ya habían causado estragos. Menos mal, que dentro de lo mal que íbamos, uno de los dos tenía dos dedos de frente. Ese era el Kiu cuando de repente me vi inmerso en un corro de cincuentonas cachondas. Sin comerlo ni beberlo estaba ahí flnaqueado de izquierda a derechas por unas viejas que empezaron a darme pellizcos en el culo. Kiu observaba la escena perplejo, entre risas y miedo. Luego, no sé si más tarde o más temprano apareció este hombre en medio de la muchedumbre.

¡Anda! Mirad, en esta foto de la derecha ¡¡¡¡Aparece en el fondo el Guitarrín!!! Decidió seguir la escapada, pero únicamente subió a la carpa para comerse una patata asada (al igual que Piscinero y
Mena, que salen de espaldas en algunas de estas fotos).
Hay momentos en la noche que me da por estar besucón. El Flandez, que andaba de paseo romántico con la Jessy, decidió pasarse a saludar. Las muestras de agradecimiento no pueden ser mayores (bueno sí, le podía dar un beso en la boca, pero ese instante no lo recogieron las cámaras). 
¡Estábamos como sardinas en la carpa! Mirad cómo estaba el metro cuadrado. ¡7 personas por metro cuadrado! Tócate los pies. No sé qué hora podría ser ni cómo luego Kiu y yo encontramos a estos. Por cierto, me acabo de acordar que nos encontramos un zapatito de mujer en plan cenicienta (creo que se lo encontró el Kiu en una de estas que fuimos a mear) y se lo íbamos ofreciendo a todas las chicas ("¿Eres tú cenicienta? ¿Se te ha perdido el zapato", y lógicamenta la mayoría, las majas, se descojonaban)


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